Bitácora micológica

Cuatro bacterias junto al micelio: un resultado prometedor para Pleurotus eryngii, todavía sin receta

Un consorcio de cuatro bacterias aumentó la eficiencia biológica de Pleurotus eryngii un 18,18 % frente al control en un ensayo comercial. El hallazgo es relevante, pero no convierte cualquier bacteria en un inoculante seguro.

Un consorcio de cuatro bacterias aumentó la eficiencia biológica de Pleurotus eryngii un 18,18 % frente al control en un ensayo comercial. El hallazgo es relevante, pero no convierte cualquier bacteria en un inoculante seguro.

El sustrato de una seta no es un recipiente vacío al que se le agrega micelio. Es un lugar donde el hongo, las bacterias, el agua, el oxígeno y los nutrientes cambian al mismo tiempo. Una investigación reciente sobre Pleurotus eryngii —la seta de cardo— pone esa convivencia bajo una luz interesante: un consorcio de cuatro bacterias aplicado al momento de inocular el spawn aumentó el rendimiento y varios indicadores de composición del hongo en comparación con un control sin bacterias.

El trabajo, publicado en Fungal Biology, evaluó por separado Bacillus subtilis, Pseudomonas fluorescens, Pseudomonas putida y Azotobacter chroococcum, además de una co-inoculación con las cuatro cepas. El experimento se realizó en una finca comercial de Sari, Irán, con un diseño completamente aleatorizado (Salehi Molkabadi et al., 2026).

La noticia merece atención porque el efecto no fue pequeño dentro de ese ensayo. También merece cautela por la misma razón: los microorganismos no son aditivos universales. Una cepa que favorece a un hongo en un sustrato, clima y proceso determinados puede no establecerse, competir de otra manera o aumentar riesgos cuando cambia el sistema.

Qué comparó el equipo

Los investigadores trabajaron con seis tratamientos: un control sin inoculación bacteriana, las cuatro cepas aplicadas individualmente y un consorcio que las reunía. Las suspensiones bacterianas se aplicaron al mismo tiempo que el spawn de P. eryngii.

El objetivo no fue medir una sola variable. Además de la eficiencia biológica, analizaron ergosterol, proteína soluble, aminoácidos, trehalosa y beta-glucanos en los cuerpos fructíferos. Esa amplitud es importante: un tratamiento que aumenta kilos pero deteriora calidad, uniformidad o inocuidad no es necesariamente una mejora para un productor.

El consorcio fue mejor que las cepas solas en ese montaje

La co-inoculación obtuvo la eficiencia biológica más alta: 89,61 %, un aumento de 18,18 % frente al control. Las aplicaciones individuales también produjeron mejoras, aunque más moderadas. El consorcio registró además los valores más altos de ergosterol, proteína soluble, aminoácidos totales, trehalosa y beta-glucanos entre los tratamientos evaluados.

Los autores proponen varias explicaciones posibles: las bacterias podrían contribuir a la descomposición de materia orgánica, modificar la disponibilidad de nutrientes o producir compuestos que favorezcan el crecimiento fúngico. Son mecanismos plausibles, no una demostración de que todos operaron con la misma intensidad en cada bolsa o unidad de cultivo.

El dato más sólido del artículo es el resultado medido en las condiciones del ensayo. La explicación biológica completa todavía requiere más trabajo, especialmente porque un consorcio puede comportarse de una manera distinta a la suma de cuatro cepas aisladas.

Lo que no conviene inferir

No sería responsable traducir el estudio como “agregue bacterias al spawn”. Las cepas utilizadas están identificadas y pertenecen a colecciones concretas; no equivalen a un bioinsumo genérico, a un microorganismo aislado de una finca o a un producto comercial con otro vehículo y otra concentración.

Tampoco hay evidencia aquí de que el mismo consorcio mejore el cultivo de orellana, shiitake, champiñón o cualquier otra especie. Incluso dentro de P. eryngii, el resultado puede depender de la cepa fúngica, la composición y tratamiento del sustrato, el agua, la carga microbiana inicial, la temperatura y la forma de inoculación.

La microbiología del cultivo tiene una dificultad adicional: una bacteria beneficiosa en una placa o en un ensayo controlado debe sobrevivir, establecerse y convivir con toda la comunidad microbiana de un sustrato real. La prueba decisiva no es solo que una cepa llegue viva al cultivo, sino que produzca un beneficio repetible sin abrir una puerta a problemas sanitarios.

La conexión con la fungicultura

La investigación se suma a una idea que está creciendo en la producción de hongos: el sustrato no es únicamente una fórmula de carbono, nitrógeno y humedad. También es un ecosistema. Comprenderlo puede ayudar a diseñar cultivos más estables, pero obliga a abandonar soluciones rápidas.

Para un laboratorio o una granja que quiera investigar esta vía, el primer paso razonable sería validar bajo condiciones propias, en pocas unidades y con controles claros. Habría que registrar no solo el peso cosechado, sino también el tiempo de colonización, contaminación, morfología, primera y segunda oleada, eficiencia biológica, calidad y costo por kilogramo. Sin ese contraste, es fácil atribuir a una bacteria una variación que provenía de otro cambio del proceso.

El estudio no entrega una fórmula comercial terminada. Muestra, con datos suficientes para ser tomado en serio, que la relación entre hongo y bacteria puede ser parte del rendimiento. El siguiente reto es saber en qué sistemas esa relación se repite y en cuáles no.

Referencias

Salehi Molkabadi, R., Bonito, G., Thomas, P. W., Alian, M., Aram, F., Mirtalebi, M., & Raouf Fard, F. (2026). Synergistic bacterial co-inoculation boosts yield, physiology, and nutritional quality of king oyster mushroom (Pleurotus eryngii). Fungal Biology, 130(5), 101795. https://doi.org/10.1016/j.funbio.2026.101795

Imagen destacada: Fumikas Sagisavas, Wikimedia Commons, CC0 1.0. Es una imagen ilustrativa y no corresponde al ensayo de co-inoculación bacteriana.

Fuentes

Referencias consultadas para elaborar esta pieza editorial.

Imagen

Imagen ilustrativa de Pleurotus eryngii en cultivo; no corresponde al ensayo bacteriano citado. Crédito: Fumikas Sagisavas — Wikimedia Commons (CC0 1.0) · CC0 1.0 Universal

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