Cultivar micelio sobre un tubo cerámico: qué propone la micoponía y qué falta para llamarla revolución
Un equipo de Purdue presentó un sistema de tubos cerámicos porosos que entrega nutrientes líquidos al micelio y busca reducir la dependencia del sustrato sólido. El avance es experimental y sus resultados necesitan validación independiente.
La bolsa con sustrato ha definido buena parte de la imagen moderna de la fungicultura: un material lignocelulósico hidratado, inoculado, incubado y finalmente agotado después de unas cosechas. Un grupo de investigadores de Purdue University plantea una alternativa que cambia ese punto de partida. En vez de llevar agua y nutrientes dentro de una bolsa de paja, aserrín o compost, propone alimentar el micelio a través de un tubo de cerámica porosa: el líquido circula por dentro y el hongo crece por fuera.
El sistema se llama micoponía o mycoponics. El artículo, publicado en Biotechnology Journal, describe una plataforma de producción donde una interfase cerámica sirve a la vez de soporte físico y de filtro para el medio nutritivo. El objetivo es sostener el crecimiento del micelio, inducir cuerpos fructíferos y reducir la exposición a contaminantes propia de los sustratos sólidos abiertos durante semanas (Porterfield et al., 2026).
La idea es llamativa porque recuerda a la hidroponía, pero no es hidroponía aplicada sin más a un hongo. El micelio no absorbe nutrientes como una raíz. Necesita una superficie, una estructura, oxígeno y condiciones que sostengan su fisiología. La cerámica porosa intenta resolver parte de ese problema entregando el medio de forma controlada a una red que crece sobre ella.
Cómo funciona el montaje
Los autores utilizaron tubos cerámicos huecos y porosos, cerrados en un extremo. El medio nutritivo líquido se impulsa por el interior; al atravesar la cerámica, llega a la superficie donde se encuentra el micelio. La estructura contiene carbón activado en su interior y funciona como una interfaz de soporte y distribución.
La porosidad está diseñada para limitar el paso de microorganismos no deseados mientras entrega nutrientes. El artículo presenta esta filtración como una respuesta al problema de contaminación, uno de los factores que acorta los ciclos de los sistemas convencionales de sustrato sólido. También describe una alimentación de un solo paso, no un circuito recirculante: el medio se prepara y se entrega conforme se necesita.
En las formulaciones desarrolladas por el equipo, el sistema consiguió formar cuerpos fructíferos aproximadamente dos semanas después de transferir el cultivo a su medio más completo. Los autores informan además de ensayos de crecimiento prolongado durante más de seis meses en varios sistemas miceliales. Son resultados de un grupo que desarrolló la tecnología; todavía no equivalen a una comparación independiente con distintas especies, instalaciones y costos operativos.
Qué puede aportar a la investigación
La ventaja más clara, por ahora, puede estar en el laboratorio. Cuando un hongo crece dentro de paja, aserrín o compost, muchas moléculas liberadas por el micelio quedan mezcladas con el sustrato. La micoponía permitiría recoger y estudiar con mayor claridad parte de esos exudados, además de observar el crecimiento sin desmontar una bolsa.
Esa separación puede ser útil para investigar metabolitos, fisiología, formación de cuerpos fructíferos y respuesta a cambios de nutrientes. Purdue también ha presentado el sistema como una posible plataforma para bioproducción y para condiciones donde transportar o hidratar sustratos sea difícil, incluida la investigación espacial. Ese último escenario es una proyección, no una aplicación ya demostrada fuera de la Tierra.
Para la fungicultura en suelo, taller o granja, la pregunta sigue siendo más sencilla: ¿puede producir hongos de manera estable, inocua y rentable frente a un sustrato local bien formulado? El artículo no responde todavía esa pregunta en la diversidad de contextos que exige una adopción comercial.
Qué falta para llevarla a producción
Un cultivo con tubos cerámicos incorpora bombas, medios líquidos, piezas fabricadas y una lógica de limpieza distinta a la de una bolsa. Eso puede reducir algunos problemas y crear otros. Habría que conocer el costo de la cerámica, su vida útil, la facilidad de desinfección, el consumo energético, el comportamiento ante biofilm, la uniformidad de la entrega de nutrientes y la respuesta de cada especie.
También falta comparar rendimiento por unidad de energía, agua, mano de obra y capital invertido. Una cosecha rápida no garantiza mejor economía si el sistema necesita infraestructura difícil de mantener. De la misma manera, un filtro que funcione en un montaje controlado debe probar su desempeño durante ciclos repetidos, con distintas cargas microbianas y en instalaciones no experimentales.
El propio artículo declara intereses financieros: su autor principal figura como inventor de la propiedad intelectual relacionada, y el texto menciona solicitudes de patente y empresas vinculadas a la tecnología. Esa declaración no invalida los datos; sí hace aún más importante que otros equipos reproduzcan sus resultados.
Una plataforma, no el reemplazo inmediato de la bolsa
La micoponía no vuelve obsoleto el cultivo sobre residuos agrícolas. De hecho, los sistemas de sustrato sólido siguen teniendo una virtud difícil de reemplazar: usan materiales locales que el hongo ya sabe transformar y que pueden integrarse a ciclos de aprovechamiento de biomasa.
Lo interesante es que la propuesta abre otra forma de hacer preguntas. Si se controla mejor la entrega de nutrientes y se reduce la mezcla entre micelio y sustrato, tal vez sea posible estudiar procesos que una bolsa mantiene ocultos. Convertir esa posibilidad en una tecnología de granja requerirá pruebas largas, transparentes e independientes.
Por ahora, la noticia se entiende mejor como una plataforma de investigación con potencial de producción, no como una nueva receta para reemplazar el aserrín, la paja o el compost.
Referencias
Porterfield, D. M., Moulton, S. X., Sanchez, A. K., Sorg, A., Koenig, T., Terrell, M. S., Zahner, S., Baena, A., Proctor, C., & Barker, R. J. (2026). Mycoponics: Controlled bioproduction utilizing biophysical, solid-state, liquid nutrient delivery. Biotechnology Journal, 21(2), e70184. https://doi.org/10.1002/biot.70184
Purdue University College of Agriculture. (2026, 5 de agosto). Mushrooms in space: Purdue researchers invent mycoponics to cultivate fungi for Earth, the moon and beyond. https://ag.purdue.edu/news/2026/08/mushrooms-in-space-purdue-researchers-invent-mycoponics-to-cultivate-fungi-for-earth-the-moon-and-beyond.html
Imagen destacada: Linda Bartlett / National Cancer Institute, Wikimedia Commons, dominio público. Es una imagen ilustrativa de material de laboratorio; no corresponde a los tubos de cerámica porosa del sistema de micoponía.
Fuentes
Referencias consultadas para elaborar esta pieza editorial.
Imagen
Imagen ilustrativa de trabajo con cepas y medios; no corresponde a los tubos de cerámica porosa del sistema de micoponía. Crédito: Linda Bartlett / National Cancer Institute — Wikimedia Commons (dominio público) · Dominio público