Bacterias contra las enfermedades del champiñón: el potencial y los límites del nuevo biocontrol con Bacillus velezensis
Una investigación internacional identificó cepas de Bacillus velezensis capaces de inhibir varios micoparásitos del champiñón. El resultado es prometedor en laboratorio, pero todavía no constituye un producto comercial listo para aplicar.
Bacterias contra las enfermedades del champiñón: el potencial y los límites del nuevo biocontrol con Bacillus velezensis
Una investigación internacional ha identificado bacterias capaces de inhibir algunos de los principales hongos parásitos que afectan al cultivo del champiñón. El hallazgo abre una vía prometedora hacia tratamientos biológicos más selectivos, pero también expone uno de los problemas más difíciles del biocontrol microbiano: una bacteria puede funcionar extraordinariamente bien en una placa de laboratorio y desaparecer rápidamente cuando se introduce en la compleja microbiota de una cobertura comercial.
El estudio, publicado el 6 de julio de 2026 en la revista Applied Microbiology and Biotechnology, se concentró en varias cepas de Bacillus velezensis aisladas del propio sistema de producción de Agaricus bisporus. Los investigadores comprobaron que estas bacterias inhiben en condiciones in vitro a varios micoparásitos importantes y relacionaron esa actividad con la producción de fengicina, un lipopéptido antifúngico que altera las membranas celulares de otros hongos.
Sin embargo, el resultado más valioso para el productor no es solamente que las bacterias produzcan una sustancia antifúngica. El trabajo demuestra también que las cepas estudiadas todavía no constituyen un producto listo para aplicar: en el ensayo con champiñones cultivados no redujeron de manera estadísticamente significativa la incidencia de mole seca y sus poblaciones disminuyeron rápidamente después de ser introducidas en la cobertura.
Esta combinación de resultados positivos y limitaciones convierte el estudio en una referencia importante. En lugar de presentar una solución milagrosa, ofrece una radiografía bastante precisa del camino que debe recorrer un agente de biocontrol antes de ser útil en una explotación comercial.
¿Qué descubrió exactamente la investigación?
El trabajo fue desarrollado por investigadores vinculados con la Universidad de Oxford, el Instituto Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentario y Forestal de Castilla-La Mancha, el Centro Tecnológico de Investigación del Champiñón de La Rioja, el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca del CSIC, Wageningen University & Research y otras instituciones europeas.
William Kay y Jaime Carrasco aparecen como primeros autores conjuntos, mientras que Carrasco y Gail M. Preston son los autores de correspondencia. La investigación recibió financiación de los proyectos europeos BIOSCHAMP y MYCOBIOME.
El punto de partida fue el aislamiento de bacterias cultivables presentes en tres tipos de materiales comerciales de cobertura:
- turba negra;
- turba rubia de esfagno;
- una mezcla 50:50 de ambas.
También se aislaron bacterias procedentes del tejido interno de basidiomas sanos de Agaricus bisporus. Las muestras no provenían, por tanto, de un ecosistema agrícola ajeno, sino de la propia cobertura y de los champiñones.
De este banco microbiano surgieron varias cepas de Bacillus velezensis. Cinco de ellas —CM5, CM19, CM35, EM5 y EM39— fueron secuenciadas y analizadas genómicamente. Las tres cepas seleccionadas para los ensayos de cultivo fueron CM5, CM19 y CM35.
El prefijo CM identifica cepas procedentes de materiales de cobertura. La selección de microorganismos del propio nicho es relevante porque, en teoría, aumenta la posibilidad de encontrar bacterias adaptadas a las condiciones físicas, químicas y microbiológicas del cultivo de champiñón.
El problema que intenta resolver el biocontrol
Controlar una enfermedad fúngica en un cultivo vegetal ya es complicado. Hacerlo en una explotación donde el producto agrícola es también un hongo plantea un problema adicional: el tratamiento debe perjudicar al micoparásito sin afectar el crecimiento, la fructificación o la calidad comercial de Agaricus bisporus.
Entre las enfermedades consideradas por el estudio se encuentran:
- la mole seca;
- la mole húmeda;
- la telaraña;
- los mohos verdes producidos por especies de Trichoderma.
La investigación utiliza la nomenclatura taxonómica actual y también recoge nombres anteriores que todavía son frecuentes en la literatura técnica. La mole seca se asocia con Zarea fungicola, conocida anteriormente como Lecanicillium fungicola. La mole húmeda se relaciona con Hypomyces perniciosus, cuyo nombre tradicional es Mycogone perniciosa. La telaraña puede ser producida por Hypomyces odoratus, anteriormente denominado Cladobotryum mycophilum.
La actualización de los nombres no es un detalle puramente académico. Los fungicultores pueden encontrar recomendaciones, diagnósticos y artículos con denominaciones diferentes para organismos relacionados. Por ello, una búsqueda técnica sobre estas enfermedades debe considerar tanto los nombres actuales como sus sinónimos históricos.
Mole seca: la enfermedad elegida para el ensayo de cultivo
El ensayo en cámara de cultivo se concentró en la mole seca causada por la cepa 150/1 de Zarea fungicola. La enfermedad puede producir manchas, deformaciones y estructuras irregulares que pierden completamente su valor comercial.
La expresión de los síntomas depende del momento de infección. Una infección temprana puede afectar profundamente el desarrollo del cuerpo fructífero, mientras que una infección posterior puede manifestarse mediante manchas o lesiones menos deformantes. En el estudio, la incidencia se calculó dividiendo el número de champiñones enfermos —incluidos los que presentaban manchas débiles o deformaciones completas— entre el total de champiñones cosechados.
El trabajo confirmó experimentalmente que la inoculación del patógeno reducía el rendimiento. Esto fue importante para demostrar que el modelo de infección funcionaba antes de comparar los tratamientos bacterianos.
Mole húmeda: un complejo más diverso de lo que parece
La mole húmeda suele asociarse con Mycogone perniciosa, actualmente tratada en algunas clasificaciones como Hypomyces perniciosus. Sin embargo, una investigación realizada en nueve provincias productoras de China, basada en 802 muestras enfermas y 586 aislamientos, identificó tres especies diferentes de Mycogone relacionadas con la enfermedad: M. rosea, M. perniciosa y una nueva especie denominada M. xinjiangensis.
Esto indica que síntomas visualmente similares pueden tener detrás poblaciones o especies distintas. Para el manejo productivo, la implicación es importante: un tratamiento que funciona contra un aislamiento no necesariamente mostrará el mismo desempeño contra todas las variantes presentes en otra región.
También existen evidencias experimentales de que poblaciones de Mycogone rosea pueden desarrollar resistencia a prochloraz-Mn. En ensayos de laboratorio se obtuvieron mutantes estables con distintos factores de resistencia y se identificaron mutaciones asociadas con el gen que codifica la enzima CYP51, objetivo de los fungicidas inhibidores de la desmetilación.
El biocontrol no elimina automáticamente el riesgo de adaptación, pero puede ampliar el número de mecanismos disponibles y reducir la dependencia exclusiva de un solo principio activo.
Telaraña: velocidad de dispersión y dificultad de contención
La enfermedad de la telaraña puede avanzar rápidamente sobre la superficie de la cobertura y los cuerpos fructíferos cuando encuentra humedad elevada, tejido disponible y condiciones favorables. El crecimiento algodonoso puede extenderse desde un foco localizado y producir grandes cantidades de conidios.
En el artículo de Kay, Carrasco y colaboradores, los aislados de Bacillus velezensis mostraron actividad en laboratorio contra organismos relacionados con la telaraña. No obstante, los propios autores recuerdan que estudios previos con otra cepa de B. velezensis alcanzaron únicamente un control moderado, cercano al 30–40 %, en ensayos de cultivo, a pesar de presentar una actividad fuerte en condiciones in vitro.
Este antecedente refuerza una conclusión importante: el halo de inhibición sobre agar no permite predecir por sí solo el control de una enfermedad dentro de una sala productiva.
¿Por qué Bacillus velezensis?
Bacillus velezensis es una bacteria formadora de endosporas reconocida por su capacidad de producir múltiples metabolitos antimicrobianos. Algunas cepas se utilizan o estudian como agentes de control biológico en agricultura debido a su estabilidad, su capacidad de colonización y la diversidad química de sus metabolitos.
El genoma de las cepas estudiadas contenía grupos de genes asociados con la síntesis de varias sustancias especializadas, entre ellas:
- bacilaeno;
- bacilibactina;
- bacilisina;
- difficidina;
- fengicina;
- macrolactina H;
- surfactina.
El análisis genómico predijo una similitud del 100 % entre los grupos biosintéticos de fengicina de las cepas estudiadas y los grupos de referencia incluidos en la base de datos empleada. También se identificaron grupos asociados con surfactina y otros metabolitos, aunque no todas las sustancias predichas genéticamente fueron detectadas bajo las condiciones de cultivo analizadas.
Esta distinción es fundamental. Encontrar genes potencialmente relacionados con un compuesto no demuestra que la bacteria produzca cantidades útiles de ese compuesto en todas las condiciones. La expresión depende del medio, la disponibilidad de nutrientes, la densidad celular, las interacciones microbianas y otros estímulos ambientales.
La fengicina: una molécula capaz de alterar membranas fúngicas
La fengicina es un lipopéptido cíclico producido por determinadas bacterias del género Bacillus. Su estructura combina una porción peptídica con una cadena lipídica, lo que facilita su interacción con las membranas celulares.
En términos simplificados, la molécula puede asociarse con esteroles y otros componentes de la membrana fúngica, alterar su organización y generar estructuras semejantes a poros. Como consecuencia, la membrana pierde parte de su integridad y el crecimiento del hongo se ve comprometido.
Los investigadores no se limitaron a predecir la producción de fengicina a partir de los genomas. Analizaron los metabolitos mediante cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas de alta resolución, conocida como HPLC-HRMS.
La fengicina fue detectada en las cepas CM5, CM19 y CM35. Bajo las condiciones del ensayo, CM19 produjo la cantidad más alta, seguida de CM5 y CM35. Otras moléculas predichas por el análisis genómico, como las macrolactinas, no alcanzaron el límite de detección en las condiciones examinadas.
La variación entre cepas genéticamente muy próximas es otro resultado relevante. Dos bacterias clasificadas dentro de la misma especie pueden producir cantidades muy distintas del metabolito buscado. Por ello, el desarrollo de un biocontrol no puede basarse únicamente en seleccionar una especie: es necesario caracterizar la cepa, su producción metabólica y su comportamiento en el sistema concreto.
Del laboratorio al cultivo: la prueba decisiva
Las cepas CM5, CM19 y CM35 fueron llevadas a un ensayo en cámara de crecimiento para evaluar dos aspectos:
- si afectaban la eficiencia biológica del cultivo;
- si reducían la enfermedad causada por Zarea fungicola.
La eficiencia biológica se expresó como kilogramos de champiñones cosechados por cada 100 kilogramos de materia seca del compost. Los investigadores evaluaron la primera oleada, la segunda y el ciclo total. También compararon la incidencia de enfermedad entre los tratamientos.
La dosis bacteriana aplicada fue equivalente a 10⁹ unidades formadoras de colonia por metro cuadrado. En los análisis estadísticos se utilizaron tres réplicas biológicas por tratamiento.
Las cepas no redujeron el rendimiento del champiñón. Esto constituye un resultado positivo porque demuestra que, a la dosis estudiada, no ejercieron un efecto fitotóxico —o, más precisamente, micotóxico— evidente sobre Agaricus bisporus.
El tratamiento con una sola dosis de CM19 fue numéricamente el más productivo, pero las diferencias frente al control no alcanzaron significación estadística. Por tanto, el estudio no permite afirmar que CM19 aumente el rendimiento.
La misma precaución debe aplicarse a la enfermedad. Durante la segunda oleada, cuando la incidencia de mole seca fue mayor, los tratamientos con CM5, CM19 y CM35 presentaron niveles de enfermedad estadísticamente comparables con el tratamiento de prochloraz-Mn. Sin embargo, considerados en el conjunto del ensayo, los tratamientos bacterianos no produjeron una reducción estadísticamente significativa de la incidencia frente al control infectado.
Esto no significa que las bacterias carezcan de potencial. Significa que el ensayo todavía no aportó evidencia suficiente para considerarlas eficaces en cultivo bajo esa dosis, formulación, frecuencia y método de aplicación.
El dato que no debería perderse en los titulares
Gran parte de la divulgación sobre descubrimientos científicos se concentra en el resultado positivo más atractivo: “unas bacterias combaten las enfermedades del champiñón”. El artículo científico ofrece una conclusión más matizada:
las bacterias inhibieron fuertemente a los patógenos en laboratorio, pero no persistieron suficientemente en la cobertura ni controlaron de forma significativa la mole seca en el ensayo de cultivo.
Este no es un fracaso. Es la identificación precisa del siguiente problema de investigación.
Para funcionar como biocontrol, una bacteria no solo debe producir un metabolito antifúngico en un medio de laboratorio. También debe:
- sobrevivir al almacenamiento y a la formulación;
- soportar el transporte y la aplicación;
- distribuirse adecuadamente en la cobertura;
- competir con la microbiota residente;
- encontrar nutrientes suficientes;
- mantenerse activa durante las etapas de mayor riesgo;
- producir el metabolito en el lugar y momento adecuados;
- no perjudicar el micelio ni los cuerpos fructíferos;
- conservar su eficacia bajo variaciones de humedad, temperatura, pH y manejo.
Las cepas CM5, CM19 y CM35 cumplieron varias condiciones iniciales, pero la persistencia en la cobertura resultó insuficiente.
¿Cómo comprobaron la desaparición de las bacterias?
Los investigadores desarrollaron ensayos moleculares TaqMan para detectar y cuantificar grupos específicos de Bacillus velezensis dentro de la cobertura.
Las bacterias suplementadas fueron detectables principalmente el mismo día de la aplicación, realizada en los días 1 y 18 después de colocar la cobertura. Posteriormente, sus poblaciones descendieron por debajo de la capacidad de detección del ensayo. Los límites de detección variaron según la fase fisiológica de las células bacterianas: aproximadamente 10⁴ UFC por gramo para cultivos en fase exponencial y 10⁷ UFC por gramo para cultivos en fase estacionaria.
La pérdida de detectabilidad no significa necesariamente que todas las células murieran. Algunas pudieron permanecer en cantidades inferiores al límite analítico o en estados fisiológicos difíciles de detectar. Sin embargo, desde el punto de vista funcional, la reducción fue suficiente para impedir una producción detectable y sostenida de fengicina en la cobertura.
Los autores concluyen que el desarrollo futuro deberá concentrarse en mejorar la formulación, la supervivencia y la producción del metabolito dentro del cultivo, o estudiar la posibilidad de emplear las propias fengicinas como fungicidas selectivos.
La cobertura no es un soporte inerte
Para comprender la dificultad del biocontrol hay que abandonar la idea de que la cobertura es simplemente una capa que retiene agua. Se trata de un microecosistema altamente dinámico.
Durante el cultivo, la biomasa microbiana cambia a medida que el micelio coloniza la cobertura y comienzan la inducción, la formación de primordios y el crecimiento de los champiñones. En los controles del estudio, la biomasa microbiana total aumentó aproximadamente 3,4 veces durante la penetración micelial, 5,8 veces en la formación de primordios de la primera oleada y 9,5 veces durante el crecimiento de los champiñones, en comparación con la cobertura inicial.
La bacteria introducida debe competir dentro de esta comunidad activa, no sobre una superficie estéril. En ella existen bacterias Gram positivas, Gram negativas, actinobacterias, hongos y microorganismos que utilizan los exudados del micelio y modifican la disponibilidad de nutrientes.
La aplicación de CM5 produjo cambios en las señales asociadas con bacterias Gram positivas y Gram negativas durante una etapa del ensayo. Esto sugiere que la introducción de un agente de biocontrol puede afectar la estructura del microbioma, incluso cuando no alcanza el control esperado de la enfermedad.
Por esta razón, evaluar únicamente el patógeno y el microorganismo antagonista puede ser insuficiente. El verdadero sistema incluye, como mínimo, el champiñón, el patógeno, la bacteria introducida, la microbiota nativa, la cobertura, el agua, los nutrientes y las condiciones ambientales.
Lo que explicó Jaime Carrasco en entrevista
En una entrevista emitida por Cadena SER Cuenca el 13 de julio de 2026, Jaime Carrasco explicó que el trabajo se originó durante su etapa posdoctoral en la Universidad de Oxford, dentro de un programa Marie Skłodowska-Curie.
El investigador señaló que el equipo reunió un banco de más de 140 bacterias presentes naturalmente en el ambiente del cultivo y buscó agentes desarrollados específicamente para el champiñón. También destacó la necesidad de construir redes internacionales, puesto que la investigación requirió conocimientos en microbiología, cultivo, genómica, química analítica y ecología microbiana.
Carrasco explicó además que el proyecto atravesó varios programas de investigación, generó una patente y necesitó años de continuidad antes de llegar a la publicación científica. Las cepas CM5, CM19 y CM35 están protegidas en las publicaciones de patente EP4200400A1 y WO2021255181A1.
En la entrevista también confirmó la principal limitación observada: las sondas moleculares demostraron que la persistencia de las bacterias en cultivo fue menor de la deseada. La prioridad será mantenerlas activas durante más tiempo para que continúen produciendo la molécula antifúngica.
Debe aclararse que estas declaraciones proceden de una entrevista publicada por Cadena SER y no de una entrevista realizada directamente por Setas de Siecha.
¿Está listo para convertirse en un producto comercial?
Todavía no.
Las cepas están protegidas mediante patente y presentan varias características interesantes:
- actividad antifúngica in vitro;
- producción confirmada de fengicina;
- ausencia de una reducción significativa del rendimiento;
- origen en el propio microcosmos del cultivo;
- herramientas moleculares disponibles para monitorizarlas.
Pero antes de comercializarlas será necesario resolver cuestiones decisivas:
Formulación
Una suspensión bacteriana fresca puede comportarse de manera diferente a un polvo de esporas, un granulado, una microcápsula o una formulación adherida a un portador. El producto deberá conservar la viabilidad durante el almacenamiento y facilitar una liberación adecuada en la cobertura.
Nutrición y establecimiento
Las bacterias necesitan fuentes de carbono, nitrógeno y minerales. Una formulación podría incluir nutrientes que favorezcan su establecimiento, pero estos componentes también podrían estimular microorganismos no deseados o alterar la ecología de la cobertura.
Dosis y frecuencia
La dosis de 10⁹ UFC por metro cuadrado no perjudicó el cultivo, pero una dosis mayor no necesariamente resolvería la persistencia. También deben compararse aplicaciones únicas, repetidas y sincronizadas con las etapas de riesgo.
Momento de aplicación
Aplicar en el momento del encobertado, durante el rastrillado, antes de la inducción o entre oleadas puede producir resultados diferentes. La bacteria debe establecerse antes de que el patógeno alcance una densidad difícil de controlar.
Compatibilidad con el manejo
Será necesario estudiar la compatibilidad con riegos, sales, correctores de pH, desinfectantes, fungicidas autorizados y otras prácticas. Un microorganismo eficaz en aislamiento puede perder viabilidad cuando se integra en un protocolo convencional.
Variabilidad entre coberturas
Las turbas, tierras minerales y mezclas regionales no contienen la misma microbiota ni presentan igual pH, estructura, salinidad o disponibilidad de nutrientes. Una formulación eficaz en turba europea no puede asumirse automáticamente eficaz en una cobertura diferente.
Validación comercial
Los ensayos en cámara permiten controlar variables y comparar tratamientos, pero no reproducen toda la variabilidad de una explotación. Se requerirán pruebas en salas comerciales, ciclos completos, diferentes épocas y varias instalaciones.
¿Qué significa para los fungicultores colombianos?
El hallazgo es relevante para Colombia, pero no debe interpretarse como una recomendación para cultivar Bacillus velezensis de manera artesanal y aplicarlo a las camas.
Las cepas son específicas y están caracterizadas genómica y químicamente. No cualquier aislamiento identificado como B. velezensis producirá la misma cantidad de fengicina, mostrará igual selectividad o será seguro para el cultivo. El estudio encontró diferencias importantes incluso entre cepas muy próximas.
Además, los sistemas colombianos pueden utilizar compost, coberturas y protocolos distintos de los evaluados en Europa. Algunas explotaciones emplean turba importada; otras incorporan tierra negra, suelos minerales, carbonato de calcio u otras mezclas. Cada cobertura representa un ecosistema diferente.
La investigación sí ofrece varias enseñanzas aplicables:
- La cobertura debe tratarse como un componente biológico. Su microbiota influye en la fructificación, la presencia de patógenos y el establecimiento de agentes beneficiosos.
- La prevención sigue siendo más importante que el tratamiento tardío. Un biocontrol difícilmente compensará una higiene deficiente, herramientas contaminadas, agua dispersando conidios o focos que permanecen abiertos durante la cosecha.
- Los ensayos deben medir rendimiento e incidencia. Una reducción visual del patógeno no es suficiente si el tratamiento afecta la producción o la calidad.
- Es necesario trabajar con cepas identificadas. La especie bacteriana no garantiza la función. La cepa, la formulación y el ambiente determinan el resultado.
- Los experimentos deben incluir controles y réplicas. Sin un control infectado, un control sano y un análisis estadístico, es fácil atribuir al tratamiento fluctuaciones normales del cultivo.
- La adaptación local puede ser una ventaja. Aislar microorganismos de coberturas comerciales colombianas podría revelar bacterias mejor adaptadas a los materiales y condiciones utilizados en el país, siempre dentro de proyectos controlados y con capacidad de identificación microbiológica.
Lo que no cambia: higiene y manejo integrado
Incluso si en el futuro aparece un producto bacteriano eficaz, es poco probable que reemplace completamente las prácticas de higiene.
Los agentes de biocontrol deben entenderse como una herramienta dentro del manejo integrado. La prevención de mole seca, mole húmeda y telaraña seguirá dependiendo de:
- limpieza entre ciclos;
- retirada cuidadosa de focos;
- manejo de personal, utensilios y rutas de trabajo;
- control de insectos y otros vectores;
- agua de riego que no disperse el patógeno;
- vigilancia desde la primera oleada;
- regulación correcta de humedad y condensación;
- diagnóstico oportuno;
- registro de la ubicación y evolución de los focos.
La ventaja potencial del biocontrol es añadir una barrera biológica preventiva en la superficie donde se inicia gran parte de las infecciones.
¿Por qué el estudio sigue siendo importante si el ensayo no controló la enfermedad?
Porque logró resolver varios pasos que normalmente permanecen separados.
Los investigadores:
- aislaron bacterias del ambiente real del cultivo;
- seleccionaron cepas con actividad antifúngica;
- confirmaron su identidad mediante secuenciación;
- analizaron los grupos de genes biosintéticos;
- detectaron químicamente la fengicina;
- comprobaron que no redujeron el rendimiento;
- ensayaron su efecto sobre una enfermedad real;
- monitorizaron el microbioma de la cobertura;
- diseñaron herramientas moleculares para seguir la persistencia;
- identificaron la causa más probable de la falta de eficacia.
En investigación aplicada, descubrir por qué una solución prometedora no funciona todavía puede ser tan importante como demostrar un efecto positivo. Ahora el problema está mejor definido: no basta con elegir bacterias capaces de producir fengicina; hay que mantener una población activa dentro de la cobertura.
Las dos rutas que deja abiertas la investigación
El artículo propone dos caminos principales.
Primera ruta: mejorar la bacteria como producto vivo
Esto implicaría desarrollar formulaciones que favorezcan la supervivencia, colonización y actividad metabólica de las cepas. Podrían estudiarse portadores, encapsulación, coformulantes, nutrientes, mezclas de cepas y sistemas de aplicación repetida.
El objetivo sería convertir la cobertura en un ambiente donde B. velezensis pueda permanecer por encima de una densidad mínima y producir fengicina durante las ventanas críticas de infección.
Segunda ruta: utilizar la fengicina o sus derivados
En lugar de aplicar la bacteria, podría investigarse la molécula producida por ella como fungicida biológico selectivo. Esta alternativa evitaría parte de la competencia con la microbiota, pero abriría otros retos:
- producción a escala;
- purificación;
- estabilidad;
- costo;
- degradación;
- residuos;
- selectividad;
- regulación;
- posible aparición de tolerancia.
También podría explorarse una solución intermedia: fermentados estandarizados o mezclas de metabolitos, siempre que se demuestre su composición, seguridad y consistencia.
Un cambio de paradigma para la fungicultura
La investigación representa una transición desde un modelo centrado exclusivamente en eliminar patógenos hacia otro que intenta diseñar comunidades microbianas protectoras.
La cobertura podría llegar a manejarse no solo por su capacidad de retención de agua, estructura, conductividad o pH, sino también por sus funciones biológicas:
- favorecer la fructificación;
- excluir patógenos;
- sostener microorganismos protectores;
- transformar exudados;
- estabilizar el ambiente alrededor del micelio.
Este enfoque no supone abandonar la microbiología clásica ni los tratamientos autorizados. Supone reconocer que la productividad y la sanidad emergen de una comunidad biológica, no únicamente de la interacción entre el champiñón y un patógeno aislado.
Conclusión
Las nuevas cepas de Bacillus velezensis no son todavía la solución comercial contra las enfermedades del champiñón, pero constituyen una plataforma científica prometedora.
Su capacidad de inhibir micoparásitos en laboratorio está bien sustentada. La producción de fengicina fue confirmada mediante análisis químicos y las cepas no perjudicaron el rendimiento a la dosis evaluada. Sin embargo, su población descendió rápidamente en la cobertura y el ensayo no demostró una reducción estadísticamente significativa de la mole seca.
El mensaje para los fungicultores debe ser equilibrado: el biocontrol microbiano puede convertirse en una herramienta importante para reducir la dependencia de fungicidas, pero su eficacia dependerá de la ecología de la cobertura, la formulación, la persistencia y la integración con las medidas de higiene.
La pregunta ya no es únicamente qué bacteria puede matar al patógeno en el laboratorio. La pregunta verdaderamente productiva es cómo conseguir que esa bacteria sobreviva, se establezca y actúe selectivamente dentro de una cobertura viva durante todo el periodo de riesgo.
Referencias
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Nota editorial
Este artículo interpreta una publicación científica de acceso abierto que, al momento de su consulta, se encontraba disponible como versión temprana y podía recibir correcciones editoriales antes de su versión definitiva. Las afirmaciones sobre eficacia se limitan a las condiciones experimentales descritas por los autores. El trabajo no constituye una recomendación para aplicar cultivos bacterianos artesanales ni productos agrícolas no registrados.
Imagen: crop adaptado de la Figura 2 de Kay, Carrasco, Kusari et al., Applied Microbiology and Biotechnology, Springer Nature, licencia CC BY 4.0. La figura muestra antagonismo in vitro y no representa una prueba de eficacia comercial en una explotación.
Fuentes
Referencias consultadas para elaborar esta pieza editorial.
Imagen
Crop adaptado de la Figura 2 del estudio; muestra el antagonismo in vitro de B. velezensis frente a micoparásitos del champiñón. Crédito: Kay, Carrasco, Kusari et al. — Springer Nature · CC BY 4.0